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martes, 7 de mayo de 2013

La Sombra del Viento, de Carlos Ruiz Zafón

Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido.
-Daniel, lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie –advirtió mi padre-. Ni a tu amigo Tomás. A nadie.
-¿Ni siquiera a mamá? –inquirí yo, a media voz.
Mi padre suspiró, amparado en aquella sonrisa triste que le perseguía como una sombra por la vida.
-Claro que sí –respondió cabizbajo-. Con ella no tenemos secretos. A ella puedes contárselo todo.


Con este libro empecé a escribir en mi otro blog, pero no es sólo por eso que lo vuelvo a recomendar. En parte también es porque es uno de mis libros preferidos y me apetecía compartir mi opinión y las sensaciones que me causaron en su día cuando lo leí.

La historia comienza en un amanecer de 1945 cuando un padre lleva a su hijo Daniel al Cementerio de los Libros Olvidados. Una vez dentro de ese laberinto de estanterías repletas de libros, el pequeño Daniel encuentra un libro maldito: La sombra del viento. A partir de aquí, los problemas del muchacho sólo acaban de empezar. Un loco llamado Laín Coubert, un personaje de La sombra del viento que encarna al diablo, empieza a seguir los pasos del chico... todo por conseguir el libro para después quemarlo. Decidido a saber más del enigmático autor del libro y del misterioso Coubert, el protagonista decide empezar una investigación con ayuda de su buen amigo Fermín. A medida que las piezas van encajando, se desarrolla una segunda historia: la del autor del libro maldito.

El comienzo de la novela ya me prometía una historia interesante cargada de emoción y de misterio. Jamás olvidaré el momento en que el padre de Daniel lo lleva por primera vez al Cementerio de los Libros Olvidados, un lugar mágico y maravilloso que estoy segura de que a cualquier lector le haría mucha ilusión conocer. Y es precisamente en este lugar donde comienza la aventura que más adelante vivirá el protagonista.

Cada uno de los personajes son inolvidables: Daniel que, lejos de ser un héroe, se mete de lleno en una aventura y en un secreto que guarda mucha relación con el autor de La sombra del viento; Bea, una chica guapa e inteligente con ese "algo" que hace latir el corazón del protagonista; Fermín, el compañero de aventuras de Daniel y el personaje más gracioso del libro, que arrastra un terrible pasado; y por supuesto también está el padre del chico, dueño de una modesta librería y un buenazo de hombre. Pero sin duda los dos personajes que más inquieta me hicieron sentir fueron Laín Coubert y el inspector Fumero. El primero por ser una sombra extraña interesado en Daniel y en el libro que posee; y el segundo por ser un hombre cruel, despiadado y corrupto, de esos malvados que abundaban en la época.


Carlos Ruiz Zafón
Leí este libro hará ya unos seis años más o menos y a pesar de que tengo algunos episodios algo borrosos en mi mente aún recuerdo bastante bien la historia, cada uno de los personajes y ese halo de misterio que siempre los envolvía. Recuerdo que cuando el libro cayó en mis manos lo leí en pocos días, sobre todo las últimas cien páginas que las devoré de madrugada de lo emocionante que estaba la historia. El final me hizo llorar de la emoción. Aunque sea un bestseller no por ello es una mala historia, al contrario. Desde la primera página las palabras te atrapan y entras al instante en su mundo. Es una novela muy entretenida, original y bien escrita, pero lo que la hace tan especial para mí es sin duda alguna esa Barcelona gótica y misteriosa que Zafón nos presenta en cada página. Y yo, que soy de Barcelona, a medida que leía iba reproduciendo en mi cabeza todas las calles y lugares que se nombraban. Incluso aún recuerdo el libro con cariño cuando paseo por las calles del Barrio Gótico. Una maravillosa novela de esas que te hace sentir algo nostálgico al evocar otra época.